Carta al niño que fuimos (3/4)

carta al niño interior. Niño secretoTomar conciencia del profundo vínculo entre las relaciones tempranas y las actuales resulta muy revelador. Es decir, ¿de qué manera nos ha influido nuestra relación con los padres a la hora de vivir las relaciones (más o menos difíciles) de la actualidad? Así podremos observar si estamos intentando suplir alguna carencia de entonces o sobrecompensar algo. Sólo por darnos cuenta de esto puede merecer la pena una terpia. Y, después de la impresión inicial, resulta tremendamente liberador, ya que podremos explicarnos sentimientos y conductas hacia los demás que, a lo mejor, no entendíamos del todo.

Tomar conciencia del profundo vínculo entre las relaciones tempranas y las actuales resulta muy liberador.

 

Este ejercicio puede llevarnos mucho tiempo, a veces incluso varias sesiones, pero después del mismo planteo otro complementario con el anterior y que arrojará mucha luz sobre el sentido de aquél. Ahora, una vez que hemos tomado conciencia de quién es ese niño al que la carta está dirigida, hagamos el ejercicio inverso: ¿qué te diría a ti ese niño si fuera él quien te escribiera?

 

Aquí puede haber toda una serie de reacciones. A veces el niño es más tolerante y comprensivo de lo que somos de adultos y otras veces el niño machaca al adulto sin piedad por no haber sido capaz de serle fiel, es decir, de sernos fieles a nosotros mismos. Y es ese “nosotros mismos” el que señala al núcleo de la propia autenticidad. Queda representado por la vivencia del niño que fuimos. No olvidemos que ése es el sentido del ejercicio, qué nos diría a nosotros nuestra parte más auténtica. Por supuesto, hay que tener cuidado de no confundir las cosas, puede que si la vivencia de nuestro niño interior es la de un dictador sádico sea necesario estudiar detenidamente las causas de esa agresividad infantil, muy probablemente causada por traumas anteriores o por una relación paterna muy disfuncional.

El sentido de este ejercicio es entrar en contacto con nuestra parte más auténtica.

Siempre es interesante pulsar el estado de nuestro niño interior. ¿Cómo se encuentra? ¿Nos anima o nos obstaculiza? ¿Está orgulloso o resentido con nosotros? ¿Está contento y se sigue desarrollando o está triste y deprimido?…

 

Este artículo tiene cuatro partes:

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3er congreso de psicología, antropología y espiritualidad.

Por si a alguien le interesa, participo este viernes 21 de septiembre en el 3er congreso de psicología, antropología y espiritualidad de la Universidad de Ávila. Adjunto programa y carta de presentación. Mi charla será el viernes a las 13 y se titula: «Relaciones entre psicología y espiritualidad desde una perspectiva sufí. O por qué Nasrudin se cayó del burro.»

III CONGRESO DE ANTROPOLOGÍA, PSICOLOGÍA Y ESPIRITUALIDAD

El fin de semana del 21 al 23 de septiembre de 2012 se celebrará, en la Universidad de la Mística de Ávila-CITES, un congreso sobre «La experiencia mística«. Este congreso será el III Congreso de Antropología, Psicología y Espiritualidad de la «Cátedra Edith Stein» en la mística ciudad de Ávila. Participarán grandes profesionales, expertos en el tema del congreso, que mostrarán diferentes perspectivas sobre la experiencia mística, sobre cómo interpretarla, su relación con el autoconocimiento y con la ciencia, sobre si es o no «locura», sobre qué es lo que ocurre en el cerebro en una experiencia mística, etc.

Os dejo un avance del programa y os animo a acudir a uno de los congresos más importantes en lo que a la «experiencia mística» se refiere. Más información en el blog de su directora y organizadora, la psiquiatra Maribel Rodríguez. También podéis ver el programa en pdf pinchando aquí.
ESTE AÑO SE PODRÁ ASISTIR ONLINE

VIERNES 21 DE SEPTIEMBRE:

Mañana:

– 9:30 — Recepción y entrega de documentación.

– 10:15 – 10:30 — Acto de apertura y presentación del congreso.

– 10:30 – 11.30 – Conferencia inaugural:

El «saber místico» como meta de toda ciencia. A la luz de la «experiencia» de Edith Stein

Francisco Javier Sancho

Doctor en Teología Espiritual, especialista en Edith Stein, profesor en el Teresianum de Roma y en la Facultad del Norte de España, director de la Universidad de la Mística

 11:30 – 12:30 — Ponencia

El Silencio místico: el No-lugar de los «mil nombres”

Enrique Martínez Lozano 

Sacerdote y Psicólogo

– 12:30 – 13:00 — Descanso.


– 13:00 – 14:00 — Ponencia:

Relaciones entre psicología y espiritualidad desde una perspectiva sufí. O por qué Nasrudin se cayó del burro

Rafael Millán

Psicólogo y Sufí

Tarde:

16:30 – 17:30 — Ponencia

Mística y autoconocimiento

Mónica Cavallé

Doctora en Filosofía, asesora filosófica, escritora

17:30 – 18:30 — Ponencia

La sinfonía interior

Xosé Manuel Domínguez Prieto

Doctor en filosofía, Profesor y miembro del Instituto E. Mounier.

18:30-19:00 — Descanso

19:00 – 20:30 – Talleres

SÁBADO 24 DE SEPTIEMBRE:

Mañana:

– 10:00 – 11:00— Ponencia

“La experiencia mística” aproximación desde el psicoanálisis

Carlos Domínguez

Psicólogo, Psicoanalista, Profesor de la Facultad de Teología de Granada

 11:00 – 12.00 — Ponencia

El problema cerebro-mente: neuropsicología de la experiencia religiosa

Javier Tirapu

Neuropsicólogo clínico

– 12:30 – 13:00 — Descanso.

– 13:00 – 14:00 — Comunicaciones

Tarde:

16:00 – 17:00 — Ponencia

La experiencia visionaria: mística y creación

Victoria Cirlot

Profesora titular de Filología Románica en la Universidad Pompeu Fabra. Experta en cultura medieval y simbología

17:00 – 18:00 — Comunicaciones.


18:00 – 18:30 — Descanso.

18:30 – 19:30 – Ponencia

¿Mística o locura? ¿Es posible distinguirlas?

Ignacio Boné 

Doctor en Medicina y Cirugía, Médico Psiquiatra, Teólogo, Profesor en la Universidad Pontificia de Comillas

Domingo 25 de Septiembre:


– 10:00 – 11:00— Mesa redonda con ponentes presentes (para preguntas del público y conclusiones).


– 11:00-11:30 — Descanso

– 11:30 – 12:30 — Conferencia de clausura

El hecho místico. Ensayo de fenomenología

Juan Martín Velasco

Doctor en Filosofía, Catedrático emérito de fenomenología de la religión en la Universidad Pontificia de Salamanca, sede de Madrid.

– 12:30 – 12:45 — Clausura de las Jornadas

Talleres:

1.- Taller de meditación-contemplación teresiana

Equipo de la Universidad de la Mística-CITES

2.-. Meditar: el camino del Silencio y de la Presencia consciente

Enrique Martínez Lozano

3.-. Meditación: La escucha interior

Maribel Rodríguez

 

Introducción a Materiales Psicológicos (1/2)

Una terapia es un intento de volver a conectar con la propia esencia, con la propia verdad, es decir, un intento maduro de volver a nuestro centro. Podríamos decir que la terapia es un viaje de vuelta a nosotros mismos.

 

Por supuesto, en la infancia o la adolescencia ya fuimos nosotros mismos, estábamos más conectados con la esencia de nuestro ser, pero lo estábamos en un giro más bajo de la espiral, por lo que la regresión o la vuelta atrás ya no valen. Al contrario, ésa sería una solución netamente patológica.

 

Así que sólo nos queda una salida y está situada al frente, en una octava más alta de la escala. Lo único que podemos hacer sin enredarnos aún más es caminar hacia adelante, hacia el futuro, hacia lo nuevo. Pero -y ésta es la clave- hay que caminar desde la propia autenticidad, desde el propio centro, si no, antes o después llegaremos a un callejón sin salida y tendremos que deshacer lo andado, si es que aún nos dan las fuerzas…

Se trata de intentar resonar con la verdad profunda, entrar en sintonía con nuestra propia autenticidad.

Aunque al principio cueste un poco, lo cierto es que no se puede vivir de otra manera. Y mucho me temo que en estas cuestiones es imposible hacer trampas. Al final siempre hay que elegir: se vive desde el corazón o se vive desde un montaje, se vive en la verdad o se vive en la mentira. Y el que vive en la mentira siempre acaba pagando el precio. La mentira (o la falta de autenticidad) puede ser más cómoda en un principio, pero que nadie se llame a engaño: instalarse conscientemente en la falsedad, antes o después, pasará factura. Si no ponemos unos cimientos sólidos, al final no soportaremos “el peso” de la vida y todo el edificio acabará derrumbándose desde su base.

 

Sigue en: https://madridpsicologia.com/introduccion-a-materiales-psicologicos-22/

El significado de los sueños.

El Significado de los Sueños

Los Sueños

 

También podéis escuchar el programa de radio Tempus Fugit en el que hablamos sobre los sueños y su significado e interpreto algunos sueños «a bocajarro»:

http://www.ivoox.com/tempus-fugit-1×16-que-son-y-que-significan-audios-mp3_rf_3105918_1.html

Y a continuación un antiguo artículo que escribí sobre sueños:

Como ocurre con otras muchas manifestaciones de la vida interior (meditación, estados psiquedélicos, eidetismos…) el interés por los sueños es tan antiguo como la humanidad (Egipto, el templo de Esculapio, Artemidoro, el chamanismo…) y no conozco un grupo cultural humano, a excepción del moderno occidente, que no los valore e, incluso, los maneje o utilice para fines diversos. Normalmente, oraculares, sapienciales, religiosos o de sanación psicoespiritual.

 

Los sueños son, sin duda, una de las más espectaculares manifestaciones de nuestro vivir inconsciente. El soñante es capaz de construir en cada sueño todo un universo complejo y significativo (que puede y, casi debe, ser interpretado). Además, lo hace de manera espontánea y automática, sin intervención de la consciencia. Y todo ello con un innegable valor artístico y narrativo. Hay sueños que superan en belleza a cualquier obra de arte (no olvidemos además movimientos tan relevantes como el surrealismo), por lo que no deja de sorprender la nula atención que reciben los sueños desde la oficialidad académica actual.

 

La función de los sueños ha sido largamente discutida por las escuelas psicológicas occidentales. Suele citarse a Freud (con su libro La Interpretación de los Sueños, 1900) como el primer autor moderno que se interesó seriamente por su estudio. Y de los que llegó a decir que eran nada menos que la vía regia de acceso al inconsciente.

 

Para la ortodoxia freudiana y las primera escuelas de psicoanálisis, la función del sueño es doble, por una lado la satisfacción de deseos (normalmente “inconfensables”, por lo que se activan una serie de mecanismos psíquicos de defensa y de censura que lo deforman antes de presentarlo ante el soñante) y por el otro son “vigías del descanso” es decir, impiden el despertar mediante la transformación de los traumas o angustias profundas en “inocuas alucinaciones”.

 

Otros autores como Medard Boss (uno de los padres de la psicología existencial), han ampliado esta concepción estrecha considerando el sueño como otra forma de existir diferente a la vigilia. Para estas escuelas el sueño es la objetivación de un drama interno, la representación ante el soñante de su propia dinámica psíquica profunda, es decir, lo que los sueños ponen de manifiesto es la instalación existencial concreta de un sujeto inserto en su propio mundo de deseos, significados, pulsiones y proyectos.

 

Aunque, por supuesto, pueden rastrearse muchas otras funciones del sueño. Para algunos son inspiradores, incluso de algunos grandes descubrimientos. La estructura cíclica de la molécula de benceno, el bolígrafo o la máquina de escribir fueron “descubiertos” a través de imágenes oníricas. También existe una larga tradición de sueños premonitorios, en los que pueden advertirse peligros existenciales presentes y futuros. Los ejemplos abundan incluso en la vida cotidiana. Hasta hay sueños que llaman la atención sobre amistades indeseables o que contienen mensajes para terceros. Son muy habituales también sueños con contenido religioso o mitológico, sueños numinosos los llamó el analista Carl Gustav Jung.

 

Por si fuera poco y en contextos apropiados como el de una terapia, los sueños pueden elaborar todo un lenguaje concreto con sus significantes y su significados (u oniremas) y todo un juego de reglas sintácticas y gramaticales propias que hay que ir descifrando a la manera del filólogo que se enfrenta por vez primera a un texto en lengua desconocida. Muchas veces los símbolos oníricos aparecen repetidos en distintas series de sueños y pueden hasta ampliar información sobre otros sueños o matizarlos, llegando a corregir las malas interpretaciones que se diera a algún “onirema” concreto.

 

Se ha desarrollado además “tecnología” para trabajar los sueños. Desde el intento de programar sueños concretos (que respondan a una pregunta personal, por ejemplo) hasta técnicas para recordarlos (a veces basta con la intención y otras sólo con empezar a apuntarlos en un diario de sueños). Hay casos más curiosos como el de los sueños lúcidos que son como un “despertar” dentro del sueño en el que se toma conciencia repentina de que se está viviendo una realidad onírica que puede, hasta cierto punto, manipularse.

 

Por si fuera poco, los sueños casi siempre tienen, además, significado psicodinámico, es decir, si se interpretan adecuadamente contienen información relevante que puede clarificar la vida psíquica del sujeto. Hay quien tiende a ver en los personajes, por ejemplo, partes de uno mismo con las que el soñante se comunica (o no): soñar que se habla con niños podría representar la conexión con la propia parte infantil, etc.

 

También pueden apuntar a situaciones existenciales: una sensación fangosa que hace imposible el avanzar indicaría, por ejemplo, que el soñante se siente atascado en alguna faceta de su vida (señalada por otros factores del sueño o de la serie); el vuelo libre indicaría la falta de obstáculos o la liberación de “lastres” de personalidad indeseables; la ansiedad se manifestará como objetos persecutorios, etc.

 

Y todo ello a través de símbolos polisémicos (que significan de múltiples maneras) y sintéticos (que condensan en sí diferentes significados o planos de significación). Aunque siempre, eso sí, hablando el lenguaje huidizo, paradójico y cifrado de nuestro existir inconsciente.

 

Acabaré con una cita del maestro Cencillo: “un sueño sin interpretar es como una carta sin abrir”.

Funciones de una terapia psicológica (2/3)

el terapeuta debe escucharte y comprenderte en tu singularidad concreta para poder devolverte lo que realmente eres

– Ayudarte a encontrar las claves de ti mismo: el terapeuta, por su experiencia, puede orientarte y ayudarte a comprender partes de ti mismo o de tu conducta que pueden resultarte desconcertantes o extrañas, sobre todo esas conductas contra las que luchamos una y otra vez y de las que no parecemos poder liberarnos nunca (son “más fuertes que nosotros”). A veces hay estados de ánimo que te arrastran y contra los que, aparentemente, nada puedes hacer. Pero todo eso tiene una causa y un origen y existen medios para llegar a comprenderlo y combatirlo; una persona entrenada para ello podrá ponerte sobre la pista y ayudarte a encontrar las claves que te faltan.

Es decir, vale para comprendernos mejor. A veces, simplemente necesitas un armazón, un esqueleto sobre el que ir colocando vivencias fragmentarias que no acaban de integrarse. Un buen terapeuta tiene que saber qué hacer con esas vivencias y conectarlas entre sí formando un todo coherente y armónico, lleno de sentido.

 

– Dar ánimos y ganas de vivir. Inyectar vitalidad. Un buen terapeuta debería estar en contacto con las potencias creativas y vitales de su alma para saber señalártelas a ti y enseñarte a conectar con ellas. También, en los casos en los que haga falta, puede incluso “injertar” partes de su propia personalidad.

 

– Función parental. Casi siempre el problema hunde sus raíces en la educación temprana y en la primera infancia. Por eso el terapeuta tiene que suplir las carencias que se dieron encarnando los roles paterno y materno. Como se dice en algunas escuelas, ejercer la función materna (nutricia, amorosa) y paterna (dar la ley y poner los límites). Por supuesto, esto es una muleta provisional, y debe hacerse sólo hasta que la persona esté lo suficientemente fortalecida como para no necesitarlo y pueda darse ambas cosas a sí misma. Si no el resultado sería contraproducente, porque la persona podría engancharse emocionalmente con el terapeuta generando una dependencia emocional (neurosis de transferencia).

 

Partes de este artículo:

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Carta al niño que fuimos (1/4)

carta al niño interiorMuchas veces les pido a mis pacientes, especialmente a los que me parece que están un poco desconectados emocionalmente, que intenten algo tan aparentemente sencillo como tomarse en serio a sí mismos, vivir desde el centro, desde la parte más auténtica de sí (de hecho, no merece la pena vivir de otro modo); les pido que entren en contacto con lo más profundo de sus corazones. Pero la mayoría no saben cómo hacerlo o llevan tanto tiempo sin conectar consigo mismos que intentarlo les resulta difícil o doloroso.

 

En estos casos suelo proponer un ejercicio muy sencillo, pero muy potente:

 

Siéntate tranquilamente, relájate, coge un papel y un boli y escríbete una carta a ti mismo. ¿Qué te dirías? ¿Qué te responderías?

 

Muchos no saben ni cómo empezar, pero normalmente basta con darles el permiso para escribir (por ejemplo sugiriendo la primera línea) para que estallen en llanto, prueba inequívoca de que se han topado con un núcleo de dolor no resuelto y del que han venido huyendo hasta ahora. Normalmente la frase que sugiero (intentando ser lo menos directivo posible) es, simplemente: “Querido Rafa” (o el nombre por el que cada persona se llame a sí misma).

Una manera de profundizar todavía más es escribir una carta al niño que fuimos.

Una manera de profundizar todavía más y de dar aún más calado a este ejercicio, sobre todo cuando la persona me dice que no sabe cómo ser auténtica, es recordar una época de nuestra vida en la que sí lo fuimos, es decir, la infancia. Ahora el ejercicio es aún más fuerte (aunque he descubierto que personalidades muy desconectadas ni siquiera son capaces de recordar cómo se sentían en la infancia o en la adolescencia).

 

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¿Quién necesita un psicólogo?

Una psicoterapia puede ayudar a todo el mundo, pero te la recomendaría especialmente si…

 

…si no te encuentras bien y no aciertas a saber por qué, si estás triste sin motivo o desvitalizado y falto de energía, si no te ilusiona vivir o si te sorprendes haciendo, pensando o sintiendo cosas que no entiendes y de las que te gustaría deshacerte. Es decir, si sufres sin un motivo concreto.

 

si te sientes perdido o confuso respecto a cualquier aspecto de tu vida y no acabas de encontrarte a ti mismo, tu lugar en el mundo, tu camino o tu vocación.

 

si te sientes bloqueado emocionalmente o, por el contrario, desbordado por unos sentimientos que no comprendes o no controlas.

 

si crees que tu vida no avanza o te vives vacío de sentido o si sientes que vives por vivir, sin disfrute ni autenticidad.

 

si estás pasando un duelo y quieres alguien que te ayude a comprenderlo, que te acompañe en los momentos difíciles y que te dé las herramientas necesarias para empezar a superarlo.

 

si crees que no rindes lo suficiente en algún área de tu vida: emocional, laboral, lúdica, sexual, de pareja;

 

si necesitas encontrar alguien con quien hablar, y que te ayude a salir de un bache o a proyectar y planificar una vida más plena, descargarte emocionalmente, sentirte escuchado y comprendido;

 

si quieres practicar habilidades sociales y aprender a relacionarte mejor con los demás;

 

…o si, sencillamente, deseas hacerte una “revisión y puesta a punto”: conocerte mejor, sentirte más lleno, profundizar en tu identidad y aclarar quién eres, es decir, si estás buscando una verdad personal más honda o más auténtica.

Qué es una terapia psicológica (2/2)

Una terapia es…

…una forma de comprometernos seriamente con lo que ya somos y con lo que estamos llamados a ser, es decir, un compromiso inalienable con nuestra propia autenticidad.

Una terapia es…

…una ducha fría de realidad de la que saldremos tonificados interiormente.

Una terapia es…

…un espacio iniciático (incluso espiritual) en el que integrar los elementos de nuestra alma y nuestra sensibilidad.

Una terapia es…

…un ritual que abra nuestro corazón y nos conecte al mundo, un ritual para “matar el ego(ismo)” y salir renacidos, renovados.

Una terapia es…

…una batalla contra las peores partes de nosotros mismos, de la que, si todo va bien, saldremos victoriosos.

Una terapia es…

…un proceso de doma del deseo, de domesticación de nuestras partes salvajes o, por el contrario, de desbloqueo y de contacto con los deseos reprimidos y necesitados de expresión.

Una terapia es…

…un laboratorio alquímico, un taller de pruebas existenciales para construirte a ti mismo, una exploración de la psique…

Una terapia es…

…una transformación profunda, de oruga a mariposa.

 

Así es. Una terapia es un proceso, un viaje, una búsqueda, un camino, una forja, un taller, un laboratorio, una aventura, una transformación, un ritual, una batalla, una exploración, un espacio iniciático…

Todo eso y mucho más puede ser una terapia, porque cada proceso y cada persona es única y la terapia siempre se tiene que adaptar a las necesidades específicas de cada uno.

 

Artículo anterior: https://madridpsicologia.com/que-es-una-terapia-psicologica-12/

Asesoría Filosófica (3/3)

Asesoría filosófica y terapia psicológica

– ¿Cuál es el sentido de mi vida? Haber encontrado un sentido existencial válido, claro y coherente. Esto, tal vez sea lo más importante. Sin un sentido vital no se puede vivir. Si no sabemos por qué o para qué vivimos, empezaremos a tener la desagradable sensación de vivir porque sí, de estar de más en el mundo, de sobrarnos a nosotros mismos.

Basta con que la persona comprenda que si no tiene el proyecto y la intención firme de ser buena persona, nunca podrá llegará a ser del todo feliz

Sin un sentido no podremos soportar la carga de la vida, ya que la vida tiene un peso específico que cargamos sobre nuestros hombros. Ese sentido tiene que ser algo a lo que merezca la pena entregarse, por lo que tendrá que ser algo más grande que la persona, algo que nos trascienda, que vaya más allá de nosotros y en lo que poder encajarnos como una pieza en el puzzle (de hecho, ésa es mi definición de sentido: el encaje armónico de la “parte” en el “todo”,como de una palabra en un texto o de una nota en una melodía).

Lo que desde luego no vale es dedicarse por completo “al propio placer” o acumular dinero. Esos motivos no tienen el fuste suficiente como para soportar el peso de una vida

La solución más habitual (y perfectamente válida) sería crear una familia, pero el sentido puede encontrarse en otras cosas: una obra social, filosófica o artística, una cierta entrega contemplativa o religiosa al mundo, una actitud filántropa, etc. Lo que desde luego no vale es dedicarse por completo “al propio placer” o acumular dinero. Esos motivos no tienen el fuste suficiente como para soportar el peso de una vida y antes o después acabarán resultando muy frustrantes.

 

Ninguna terapia estará completamente terminada si alguno de estos elementos cojea: ¿Quién soy yo?  ¿Qué es el mundo? ¿Qué puedo hacer? ¿Qué debo hacer? ¿Cuál es el sentido de mi vida?

 

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Meditación. Conectando con el Corazón (1/3)

Empezaremos practicando la “conexión con el centro” o “conexión con el corazón”. En realidad se trata de una forma de meditación o, más bien, de mi intento de decantar la esencia de la mayoría de las técnicas de meditación. Por eso te propongo que realices la “conexión” siempre que puedas, especialmente antes de tomar alguna decisión importante, antes de las sesiones de terapia y, por supuesto, antes de realizar otros ejercicios, hasta que, idealmente, ya no la necesites porque hayas aprendido a instalarte en tu centro de manera permanente.

 

Llamo a este ejercicio “conexión” porque puede plantearse como una conexión entre dos polos, aunque los dos polos somos, por supuesto, nosotros mismos. ¿Cómo me explicaría mejor? Digamos que hay un yo pequeño y un Yo grande. El yo pequeño es en el que vivimos la mayor parte del tiempo y es condicionado, personal, superficial, limitado; el Yo grande es profundo, incondicionado, ilimitado y universal. El yo grande, aunque lo llame “yo” no es individual sino transpersonal, es decir, va más allá de nuestras vivencias biográficas y personales, y las engloba.

 

De hecho, podríamos definir al pequeño yo como una condensación, un “pliegue” o un “nudo” del Gran Yo. Por supuesto, el yo pequeño no es autosuficiente, si de vez en cuando, no se conecta con su fuente (el Yo grande) se empieza a sentir cerrado y agotado. El yo pequeño sólo se siente auténtico cuando se alinea con el Yo grande, y como el pequeño está hecho del mismo material (Conciencia) que forma al grande, cuando se armoniza con él se siente revitalizado, vuelve a su fuente, retorna al origen.

La «iluminación espiritual» consistiría en la total disolución del yo pequeño en el Yo grande como una gota de agua se funde en el océano.

En el límite, la “iluminación espiritual” consistiría en la total disolución del yo pequeño en el yo grande como una gota de agua (pequeña, limitada y con una forma) se funde en el océano (que es grande, ilimitado y más allá de la forma… ¡al menos para la gota!).

 

Pero, de momento, no vamos a ir tan lejos, sino que nos conformaremos con intentar sentir el punto de anclaje entre el uno y otro, la “interfase”, el lugar exacto en el que nuestro yo pequeño y cotidiano hunde sus raíces en el gran Yo.

 

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¿Cómo entiendo la terapia? (3/3)

El arte del terapeuta es sutil, consiste, como en el tao, en “no hacer nada” y que a la vez “nada quede sin hacer”

Si me permites la metáfora, madurar es como montar en bici, al principio puede parecer complicado y es muy difícil explicar cómo se hace; pero con la práctica sale sólo y no se olvida. La terapia sería como esas ruedecitas de apoyo que a veces se usan para aprender a montar en bicicleta, pero que habrá que retirar lo antes posible. Tampoco hay que hacer nada para madurar fisiológicamente (sólo “dejar hacer a la sabiduría de nuestros cuerpos”). Algo parecido ocurre con la maduración psicológica, sólo que en esa maduración hay algo que nos asusta, por eso no hemos madurado, y muchas veces el grueso de la terapia puede consistir en que nos enfrentemos juntos a tus resistencias a crecer. Casi siempre hay algo de Peter Pan.

El grueso de la terapia puede consistir en que nos enfrentemos juntos a tus resistencias a crecer

De hecho, es esencial que comprendas que sólo tú mismo puedes hacerte cargo de tu propia vida. Es decir, tienes que responsabilizarte y dejar de echar balones fuera. Puede que al principio sean necesarias muletas emocionales (las ruedecitas de apoyo) para empezar a caminar, pero habrá que intentar retirarlas lo antes posible, y esto aunque te caigas, ya que aprender a levantarte es uno de los aprendizajes esenciales que la vida no te permitirá saltarte. Y, en el futuro, ya no contarás con la asistencia de un terapeuta.

Si todo va bien, poco a poco podrás sostenerte a ti mismo y dejarás de necesitarme, con lo que que tendremos que despedirnos y vivir, ambos, tanto tú como yo, un pequeño duelo por la relación perdida; duelo que a veces puede ser muy doloroso, pero que será necesario para que los dos podamos continuar sana y maduramente con nuestras vidas.

 

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Asesoría Filosófica (2/3)

Asesoría filosófica– ¿Quién soy yo? Es decir, acabar de cuajar una identidad sólida como mínimo en sus dimensiones social, laboral, personal, amorosa y sexual.

 

– ¿Qué es el mundo? Es decir, ordenar una cosmovisión válida, coherente y sin contradicciones.

 

– ¿Qué puedo hacer? ¿Cuáles son los límites reales de mis fuerzas y capacidades, cuáles son mis valores y mis talentos, en qué puedo aportar más y de qué manera?

 

– ¿Qué debo hacer? Es decir, el desarrollo de una ética generada desde uno mismo (Luis Cencillo la llamará una ética autógena. No se puede vivir sin una ética, pero una vez más esta ética no puede imponerse desde fuera, sino que habrá que “alumbrarla” mayéuticamente desde dentro. Y para esto el terapeuta tiene que saber, como mínimo, fundamentar una ética y ayudar al paciente a que la realice. A veces no hay que complicarse demasiado y basta con que la persona comprenda que si no tiene el proyecto y la intención firme de ser buena persona, nunca podrá llegará a ser del todo feliz (a no ser que viva anestesiando continuamente);otras veces será necesario un desarrollo más elaborado, según la capacidad y las necesidades de cada persona.

 

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Psicólogo Madrid. Terapia, ansiedad, depresión, autoestima y desarrollo personal